Me peino y me llevo solo al parque. Voy por las tardes con mi pelota naranja gastada y mis tenis blancos sin agujetas. Camino muchas casas para llegar y salto los charcos que veo; cruzando un campo de hierba seca, llego a las canchas que siempre están solas y juego.
Me regaño cuando no termino mis lentejas y me mando a cepillarme los dientes. Lo hago antes de dormir porque vi a la mamá de Samuel decirle que hacerlo es saludable y también es… ¿es qué? Hingiénico, higinético… no. ¡Ah, ya! ¡Higiénico! Como el papel de baño.
Me reviso mis tareas y me escojo mi ropa al salir de bañarme. Hoy me puse mi camisa roja porque en la noche vi los Power Rangers y el rojo es el más fuerte.
También me puse un short verde, aunque no me gusta el color, pero casi no hay ropa en mis cajones. Le quería decir a mi mamá que quería un short como el que usa Octavio para jugar fútbol, pero dice que los niños buenos no piden cosas; además, ya nunca sale de su cuarto.Me hice mi disfraz para el desfile de la escuela y, como conseguí el primer lugar, me llevé a comer pasteles de lodo en el patio. Hice dos pasteles muy grandes y los adorné con las hojas de un girasol que me encontré de camino. Les dejé el pastel grande a mi papá y a mi mamá para que ya no estén tan enojados conmigo.
Me veo en mis obras de teatro y me abrazo en mi cumpleaños. Hace cinco días cumplí seis años. Fui a la cocina para hacer mi comida de cumpleaños. Papá estaba dormido en el piso, enseguida de la mesa, con una botella muy grande y verde en las manos. Hace mucho pensé que era un jugo de durazno porque se veía igual y quise darle un trago, pero no era jugo; sabía muy mal y lo escupí todo. Caminé de puntitas para no despertarlo y del refrigerador saqué mis ingredientes: una salchicha, un pedazo de tomate y miel. Quisiera chocolate solo por hoy, pero no hay, y si pido algo, no seré un niño bueno.
Me canto cuentos para dormir y, al despertar de madrugada con miedo, me visito pidiéndome permiso para dormir conmigo.
En los días cuando estoy despierto hay muchos ruidos y no sé qué pasa; y cuando duermo, los ruidos se repiten en mis sueños. Despierto y escucho cosas que se quiebran del otro lado de la puerta y todo está oscuro; solo hay una luz debajo de la puerta.
Quisiera salir y pedirles que ya no estén enojados conmigo, pero si lo hago, no seré un niño bueno.
Me doy las buenas noches y vuelvo a dormir.
-Alan Yair Martínez López
