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Tromba de Obsidiana

Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.

En el imaginario colectivo, el desierto suele presentarse como un espacio vacío, una pausa entre ciudades. Pero quienes caminamos el territorio sabemos que el desierto de Ahumada es, en realidad, un río de tiempo y arena que conecta lo que fuimos con lo que podemos llegar a ser. Hoy proponemos un cambio de paradigma: reconocer el patrimonio biocultural como motor de un progreso incluyente, arraigado y sostenible.

Ahumada no es solo un punto en el mapa; es el corazón de un corredor biológico y cultural que ha latido por milenios. Aquí convergen vestigios arqueológicos de más de 10,000 años y rutas que conectaban la grandeza de Paquimé con la mística de Samalayuca y el centro del estado. Este corredor también se explica desde la geología: las lagunas secas de inundación y evaporación son las madres de las dunas. Esa arena, en movimiento constante, alimenta a Samalayuca, y estos procesos geológicos ancestrales también dan forma al Banco de Lucero, ícono del municipio y guardián silencioso de la identidad chihuahuense y de quienes han transitado por la carretera Panamericana.

Este cambio no nace de la imposición, sino del diálogo. Es importante reconocer la apertura del Gobierno Municipal de Ahumada, que ha caminado junto a Salvemos los Cerros, ejidatarios y familias locales, construyendo una relación basada en respeto y cercanía. Hemos recorrido juntos el territorio, caminando el Barreal y el Banco de Lucero, compartiendo no solo el asombro por el paisaje, sino una visión común: que el desarrollo puede construirse a partir del reconocimiento y la conservación del territorio que nos sostiene. Estos encuentros no son solo simbólicos; son el inicio de una nueva forma de gobernar el territorio desde el reconocimiento directo de su valor.

En ese sentido, desde Salvemos los Cerros estamos impulsando el reconocimiento formal del Banco de Lucero como un sitio de alto valor biocultural, con miras a su protección. Este esfuerzo se articula con una visión más amplia: la creación de la primera Área Natural Protegida de carácter municipal en la historia de Chihuahua, un paso fundamental para garantizar la conservación del territorio desde lo local, con participación comunitaria y sentido de pertenencia. Esta propuesta ha sido conocida y respaldada por ejidatarios y por el propio alcalde, con quien hemos caminado los cerros de este desierto sagrado.

Visitar Ahumada implica una doble responsabilidad: el respeto propio y el respeto al desierto. Saber admirar y disfrutar la paz que aporta el territorio, sin llegar como depredadores del paisaje, sino como observadores conscientes. El patrimonio biocultural ofrece una ruta clara: conservar los suelos, el desierto blanco que da origen a las dunas y los vestigios arqueológicos de más de 10,000 años frente al extractivismo; reconocer la conexión profunda entre la comunidad y su territorio; y generar bienestar social a través de la economía local, el fortalecimiento del ejido y el orgullo colectivo.

Ahumada tiene hoy una oportunidad histórica: convertirse en un referente estatal de desarrollo con identidad. Proteger el Banco de Lucero y el Barreal no es solo conservar ecosistemas; es defender la memoria y garantizar el futuro. El desierto no está vacío: está lleno de historia, y hoy esa historia puede guiarnos hacia un porvenir más justo.


Luis Andrés Rivera Levario es defensor del territorio, activista ambiental y articulista originario de Chihuahua. Es vocero de la organización ciudadana Salvemos los Cerros de Chihuahua, desde donde impulsa procesos de participación comunitaria, consultas públicas y acciones legales para la protección de cerros, ríos y ecosistemas urbanos.

Ha colaborado con colectivos, universidades y organizaciones nacionales e internacionales en proyectos de documentación, comunicación y defensa ambiental, incluyendo iniciativas apoyadas por National Geographic. Su trabajo se centra en la relación entre territorio, justicia ambiental, democracia y dignidad comunitaria. Es autor de columnas de opinión en diversos medios locales, donde analiza problemáticas socioambientales, políticas públicas, derechos humanos y participación ciudadana. Concibe la escritura como una herramienta para acompañar procesos colectivos y visibilizar las voces que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones.

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