
Tromba de Obsidiana
Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.
Tal vez el paisaje más icónico del desierto chihuahuense es el que se disfruta desde la carretera Panamericana que conecta Ciudad Juárez con Chihuahua. Y sin duda, la cereza del pastel —la joya de la corona— es el Banco del Lucero: aquel monumento natural que nos recuerda a Monument Valley, en Estados Unidos, y que no le pide nada a ninguna montaña icónica de cualquier lugar del mundo.

Un sitio lleno de leyendas, magia y valor ambiental y cultural que, desde Salvemos los Cerros, en nuestra más reciente aventura por expandir el conocimiento, el amor y el cuidado de los cerros a nivel estatal, buscamos proteger.
En octubre del año pasado acudimos a entregar un oficio a la presidencia municipal de Ahumada donde detallamos, con ayuda de estudiantes del Tec de Monterrey, la propuesta de que este sitio sea considerado como la primera Área Natural Protegida municipal en la historia de Chihuahua.
Quiero hacer énfasis en que, tanto en la visita de octubre como en el recorrido de este fin de semana, pudimos presenciar cómo el gobierno municipal es visto por su propio pueblo como un lugar cercano y abierto, a diferencia, por ejemplo, del palacio de la capital. El trato del alcalde es humano, lo que lo separa de muchos políticos cuyo comportamiento suele ser frío y calculador. Él mismo nos acompañó en persona a recorrer el cerro, junto con parte de su equipo y con la familia propietaria de este ícono natural. Comimos juntos burritos que nos invitaron, así como un delicioso queso asadero, patrimonio gastronómico del estado.





Nos tomamos una fotografía en la avioneta caída, misma que se ha vuelto un símbolo del turismo ecológico en el desierto de Chihuahua. Todo esto rodeados de plantas desérticas como nopales morados, guamiz, ocotillos de cientos de años de edad, entre muchas otras. Es un ecosistema sorprendente.
Para llegar al cerro hay que cruzar un gigantesco barreal conocido como la Laguna de Guzmán, uno de los impresionantes remanentes del antiguo Lago Palomas, un cuerpo de agua ancestral que se ha secado casi por completo y que regresa fragmentado cada temporada de lluvias.
Este “salar” es un sitio que parece de otro planeta. Su característico color blanco, así como su inmensidad, hacen que la imaginación vuele. Esta laguna de inundación es parte de una cuenca cerrada o endorreica, lo que significa que las lluvias y los arroyos no salen al mar, sino que se infiltran y se evaporan, acumulando yeso y sales en la superficie. Esto produce paisajes magníficos, además de muchísimo polvo.
Es un lugar que guarda la memoria geológica de la región de Ahumada, habitada hace más de diez mil años, cuando la laguna todavía estaba “viva”.
Estamos, por lo tanto, frente a un corredor biológico y cultural que conecta sitios como Samalayuca y Mata Ortiz, pero que permanece todavía en el misterio, pues lo duro del clima hace que no cualquiera se atreva a explorar. Son los senderistas y exploradores más intrépidos de la capital y de Ciudad Juárez quienes se han animado a descubrir las maravillas que guarda Ahumada.
Junto con Salvemos los Cerros, habitantes del municipio y exploradores de otras regiones formamos el Grupo Promotor del Banco del Lucero, con el objetivo de impulsar su conservación.
La propuesta es fomentar el turismo ecológico y sustentable en Ahumada, junto con el reconocimiento del cerro mediante la declaratoria de lo que sería el primer Paisaje Protegido —modalidad de Área Natural Protegida municipal—, que contempla actividades propias de las comunidades asentadas previamente en el sitio, como la ganadería, pero conservando los elementos del paisaje que, además de aportar servicios ambientales como la regulación del clima y la captación de agua, brindan identidad y orgullo a la gente de Chihuahua.
Estuvimos todo el día disfrutando. Los vehículos regresaron llenos de polvo, eso sí. Pero a pesar del cansancio volvimos a Ciudad Chihuahua llenos de alegría, entusiasmo y profundo agradecimiento por haber vivido esta grandísima experiencia, tan grande como el municipio de Ahumada: uno de los tres municipios más extensos del país y corazón del desierto de Chihuahua, donde su gente y su tierra son fuertes, pero también amables.
Luis Andrés Rivera Levario es defensor del territorio, activista ambiental y articulista originario de Chihuahua. Es vocero de la organización ciudadana Salvemos los Cerros de Chihuahua, desde donde impulsa procesos de participación comunitaria, consultas públicas y acciones legales para la protección de cerros, ríos y ecosistemas urbanos.
Ha colaborado con colectivos, universidades y organizaciones nacionales e internacionales en proyectos de documentación, comunicación y defensa ambiental, incluyendo iniciativas apoyadas por National Geographic. Su trabajo se centra en la relación entre territorio, justicia ambiental, democracia y dignidad comunitaria. Es autor de columnas de opinión en diversos medios locales, donde analiza problemáticas socioambientales, políticas públicas, derechos humanos y participación ciudadana. Concibe la escritura como una herramienta para acompañar procesos colectivos y visibilizar las voces que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones.
