Tromba de Obsidiana
Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.
Además de darnos identidad, los símbolos del paisaje nos orientan. Señalan un punto cardinal cuando estamos perdidos: en casi toda la ciudad, el Cerro Grande Arewakawi se levanta hacia el sur. Pero también nos orientan en un sentido más profundo, histórico y colectivo. Los monumentos naturales nos recuerdan de dónde venimos para no extraviarnos en el camino. Hablan de respeto y de reconocimiento a algo más grande que el individuo humano.
¿Cuántos recuerdos, anécdotas y experiencias descansan entre las piedras y los pastizales de ese macizo volcánico? ¿Cuántos amores y desamores, cuántas alegrías y tristezas guardan las semillas y las flores que brotan cuando llueve? ¿Cuánta importancia tiene cuidar el paisaje que nos sostiene cuando más lo necesitamos? Como advirtieron los filósofos existencialistas, la existencia no puede reducirse a conceptos y palabras: hay en ella una vida inmensa que estaba antes de nosotros y seguirá cuando ya no estemos.
Son esos valores, tejidos en el entramado socioambiental, los que guardan la esperanza de una convivencia con paz y dignidad. Aprender a respetar lo que nos es prestado y a entregarlo a las futuras generaciones en mejores condiciones de como lo recibimos: el medio ambiente, la calidad del aire, la disponibilidad del agua, la belleza del paisaje, la continuidad de la biodiversidad, la existencia de un espacio público donde ejercitarnos y convivir sanamente en familia.
Por eso es tan grave que las autoridades estatales y municipales continúen omitiendo la declaratoria del Cerro Grande como área natural protegida. Con ello le niegan activamente a las generaciones presentes y futuras de Chihuahua la posibilidad de reconocer y proteger el valor de su ícono mayor: el Arewakawi. Se han cumplido requisitos, existen estudios técnicos, se han realizado consultas. Han pasado años. Y todavía nada.
Eso le debemos al Grande: dignidad y respeto. Reconocimiento. Trabajo. Protección. Son valores que caracterizan a los pueblos que se enorgullecen de su tierra, pero que hoy están ausentes en los gobiernos que deberían representarnos.
Mientras esa deuda persista, ningún gobierno podrá hablar con legitimidad de medio ambiente o de identidad. Sin el Cerro como orientación moral y territorial, están —literal y simbólicamente— perdidos.
Luis Andrés Rivera Levario es defensor del territorio, activista ambiental y articulista originario de Chihuahua. Es vocero de la organización ciudadana Salvemos los Cerros de Chihuahua, desde donde impulsa procesos de participación comunitaria, consultas públicas y acciones legales para la protección de cerros, ríos y ecosistemas urbanos.
Ha colaborado con colectivos, universidades y organizaciones nacionales e internacionales en proyectos de documentación, comunicación y defensa ambiental, incluyendo iniciativas apoyadas por National Geographic. Su trabajo se centra en la relación entre territorio, justicia ambiental, democracia y dignidad comunitaria. Es autor de columnas de opinión en diversos medios locales, donde analiza problemáticas socioambientales, políticas públicas, derechos humanos y participación ciudadana. Concibe la escritura como una herramienta para acompañar procesos colectivos y visibilizar las voces que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones.
