Debajo del oscuro manto,
-ALAN YAIR MARTÍNEZ LÓPEZ
único que en insomnio alberga la fusta insaciable de mí,
advierto el recuerdo impasible de una callada luciérnaga.
Aquella es la que a nuca seca susurra que ya no es.
Y es hoy solo lo que hubo, sin saber ni haber.
Repartimos dadivosos, ambos, la infortuna de no acompañar al paso.
Y enterados somos del bienaventurado nuevo ocaso,
uno que ilumina más de ti que de mi.
En el sembrado viejo campo, me vi. Pero no a ti.
¿Acaso tú me vuelves a ver y te agazapas de aquel?
¿Y, entre aquel y yo, quién perturba más tus rincones salvos?
No es tú virtud la perseguida de ayer,
ni el casto verbo que soltaste a ti.
Sería la cobardía que se sostuvo dentro.
Y este, hoy, ni insaciable, ni dadivoso.
