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Tromba de Obsidiana

Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.

Las lluvias que cayeron sobre la ciudad de Chihuahua a finales de junio de 2025 dejaron a su paso una serie de inundaciones, daños estructurales, evacuaciones de emergencia, vehículos atrapados, y cientos de familias damnificadas, sobre todo en colonias del norte como El Porvenir, Tierra y Libertad, y parte de Minerales Norte. Las imágenes son claras: calles transformadas en ríos, viviendas colapsadas por la corriente, y zonas completas aisladas por horas.

Sin embargo, lo que estamos presenciando no es simplemente una tragedia provocada por fenómenos meteorológicos extremos, sino el resultado de un modelo urbano que ha violentado el equilibrio ecológico de las cuencas, especialmente en las zonas altas que captan y distribuyen el agua de lluvia.

La mayor parte de los escurrimientos que generaron la emergencia en el norte provienen del arroyo El Saucito, que nace en la Sierra del Mogote, y de arroyos que bajan por la zona del Cañón del Marro, una zona de transición ecológica entre la Sierra Nombre de Dios y las colonias periféricas del norte urbano.

Ambos arroyos tienen características intermitentes, típicas de las regiones semiáridas, pero históricamente permitían la infiltración de agua en suelos forestales y de uso para la ganadería. Esa capacidad ha ido desapareciendo año con año gracias a la urbanización de las cuencas altas. Según el Informe de Análisis de Riesgo y Resiliencia Hídrica del IMPLAN (2024), la cuenca del arroyo El Saucito tiene más del 85% de su superficie urbanizada, lo que ha provocado un incremento dramático en el caudal de tormenta, así como una reducción del tiempo de concentración. Es decir: el agua baja más rápido, con más volumen y más fuerza destructiva mientras se infiltra menos.

En lugar de infiltrar y alimentar el acuífero, el agua arrasa calles, bardas, casas y avenidas como Prieto Luján. La canalización improvisada, los fraccionamientos sin criterio ecológico y la falta de infraestructura verde han hecho del norte una trampa hidráulica para los sectores más empobrecidos. El llamado “drenaje” pluvial y fluvial está totalmente rebasado y la urbanización empeora todo sin aportar ninguna solución.

¿Cómo llegamos aquí?
Desde la década de los ochenta, Chihuahua ha experimentado una expansión urbana acelerada hacia las zonas altas del norte, impulsada por desarrollos residenciales, comerciales e industriales, muchos de ellos en conflicto con el orden natural del terreno. La lógica de “crecimiento” no ha respetado ni los cauces naturales ni los cerros captadores de agua. Vale agregar que no se trata solamente de una explosión demográfica o crecimiento poblacional, sino que la mancha urbana se ha expandido cinco veces su tamaño mientras la población solamente dos.

La zona del Cañón del Marro, por ejemplo, ha sido invadida por vialidades, desarrollos irregulares y desmonte sistemático. Aunque los arroyos siguen visibles en las cartografías del INEGI, en campo han sido modificados, desviados, obstruidos o rellenados. Esto constituye una violación directa al artículo 113 de la Ley de Aguas Nacionales, que establece que los cauces naturales son bienes de uso común, inalienables e imprescriptibles.

Además, el Atlas de Riesgos del Municipio de Chihuahua (2022) ya advertía que los arroyos Saucito, Galera Norte y Plaza de Toros se encontraban en situación crítica, con una alta recurrencia de inundaciones y afectaciones directas a población vulnerable. Y sin embargo, ni se ha frenado el crecimiento hacia esas zonas ni se ha restaurado el sistema de drenaje pluvial de manera estructural.

Las consecuencias de urbanizar el captador:

La Sierra del Mogote, al igual que la Mesa de los Caballos, el Cañón del Marro y la Sierra Nombre de Dios, actúan como captadores naturales de agua. Su cobertura vegetal, su pendiente y su composición geológica permiten regular el escurrimiento y recargar el acuífero del Valle de Chihuahua.

Al desmontar esas zonas y sustituirlas por superficies impermeables, no sólo se pierde la recarga, sino que se incrementa de forma significativa el escurrimiento superficial. Como señala el estudio del IMPLAN (2024, pp. 89-90), el cambio de uso de suelo genera:

“un aumento en el coeficiente de escurrimiento, incrementando el volumen y el caudal máximo de escurrimiento, así como el tiempo en que estos se presentan”.

Este efecto ya se documentó en arroyos como La Cantera en el poniente de la ciudad. Lo que ahora vemos en el norte es el mismo patrón: las inundaciones no son naturales; son provocadas por la urbanización desordenada y ecológicamente ignorante.

El problema no es solamente técnico. Es también social y político. Quienes sufren las peores consecuencias de estas decisiones urbanas son las personas que viven en colonias periféricas, muchas de ellas sin acceso a servicios adecuados, asentadas en zonas que nunca debieron haberse fraccionado.

El Porvenir y Tierra y Libertad son colonias populares ubicadas en la parte baja de cuencas críticas, y cada año reciben el golpe de un modelo que construye arriba, lucra con la tierra y abandona abajo.

¿Qué se puede hacer?
Desde Salvemos los Cerros de Chihuahua proponemos:

Moratoria inmediata a nuevos desarrollos en zonas de cuenca alta como El Mogote y El Marro.

Restauración ecológica y legal de los cauces naturales, con enfoque de infraestructura verde.

Revisión de autorizaciones de fraccionamiento otorgadas en zonas de riesgo.

Plan integral de recuperación del ciclo hidrológico urbano, basado en estudios como el del IMPLAN y la participación ciudadana.

Reconocimiento de la justicia hídrica y territorial como principio rector de la planeación urbana.

Conclusión
El agua no obedece a los fraccionadores. No entiende de promesas políticas ni de plusvalía. El agua sigue la pendiente, y cuando no encuentra suelo para infiltrarse, destruye. Cada cerro desmontado y cada arroyo obstruido es una amenaza para los barrios populares. Lo que sucedió en el norte de la ciudad no es un accidente: es una advertencia. Y aún estamos a tiempo de cambiar el rumbo.

Referencias:
IMPLAN Chihuahua (2024), Integración del Análisis de Riesgo y Resiliencia Hídrica. Instituto Municipal de Planeación.

Municipio de Chihuahua (2022), Atlas de Riesgos del Municipio de Chihuahua.

INEGI, Hidrografía vectorial 1:50,000. Catálogo de Datos Geográficos.

Ley de Aguas Nacionales. Diario Oficial de la Federación. Última reforma DOF 06-01-2023.