
Tromba de Obsidiana
Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.
Mediante espectaculares explosiones, el muro racista impulsado por la presidencia de Estados Unidos irrumpió de forma violenta en la realidad fronteriza de nuestro territorio juarense. Esta vez, con consecuencias fatales: la fragmentación del ecosistema de la Sierra de Muleros y una afectación aún mayor al ya deteriorado suelo forestal de la zona árida del norte del estado de Chihuahua.
Este muro, que a todas luces es una imposición violenta basada en el prejuicio contra los pueblos de México y de América Latina, se asienta hoy sobre la degradación ambiental y la destrucción del territorio. Con el quiebre de los corredores biológicos en la frontera, presenciamos simultáneamente la consolidación de una zona de sacrificio industrial transnacional. Donde se clausura el futuro de la flora y la fauna, también se cierra el de la población civil.

Esta lógica no se expresa únicamente desde el imperialismo estadounidense. También se reproduce a través del capital imperialista mexicano: plantas cementeras que contaminan el aire, instituciones públicas como las corruptas juntas municipales de agua, que lo mismo contaminan el río Bravo en Juárez que el Arroyo de las Ánimas en la ciudad de Chihuahua. Todo ello mientras la Junta Central de Agua y Saneamiento firma convenios sin registro público con el Estado de Israel, en medio de una crisis mundial marcada por el genocidio en Gaza y por señalamientos internacionales, como los incendios provocados en la Patagonia presuntamente vinculados a soldados sionistas.
Se habla mucho de soberanía, pero sin medio ambiente la soberanía es una ficción. Hoy, la soberanía del desierto de Chihuahua está siendo dinamitada —literalmente— por el gobierno fascista del tristemente célebre protagonista de la lista Epstein, el magnate y señor de la guerra Donald Trump.
¿Se pronunciarán las fuerzas políticas?
¿Habrá movilizaciones, discursos o posicionamientos en la conferencia mañanera?
Todo indica que lo que veremos será servilismo y obediencia por parte de los actores dominantes del poder político y económico.
Vale decirlo con claridad, de una vez y para siempre:
Juárez no es una zona de sacrificio.
El desierto de Chihuahua no es una mercancía al servicio de los señores de la guerra.
El Estado mexicano y el imperialismo erosionan la soberanía, pero la gente organizada va a defender su derecho:
Vivir con dignidad y en paz en sus territo
