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Tromba de Obsidiana

Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.

Este fin de semana, un grupo de Salvemos los Cerros realizamos un recorrido por el municipio de Delicias con el objetivo de conocer, amar y cuidar el arroyo de Los Acebuches. En compañía del regidor Aldo Urzúa y de un integrante de su equipo, pudimos observar aves como cuervos norteamericanos, un cernícalo —el ave rapaz más pequeña— y un escurridizo mamífero silvestre, además de plantas y cauces de agua, los cuales son bienes generales de la nación, como las playas.

Entre flores, frutos silvestres y espinas, constatamos la importancia de cuidar lo que nos cuida. Este arroyo es capaz de captar millones de litros de agua, regular el clima, albergar biodiversidad y proteger el fruto del trabajo humano, pues desemboca —junto con otros cauces— directamente en la zona agrícola. La presencia de polinizadores y de animales depredadores naturales representa un beneficio directo para la producción de este municipio tan laborioso.

Ojalá más representantes populares tuvieran la atención y el interés de Aldo. Al final del recorrido, antes de regresar a la capital, pudimos comer algo del pescado que se produce en la presa Las Vírgenes. Las llamadas “riquezas naturales” no existen en abstracto: elevan nuestra calidad de vida. Van desde la alimentación hasta el paisaje; desde el trabajo hasta el descanso y la recreación. De regreso, observamos las marcas del gasoducto sobre la Sierra de Bachimba y, al llegar a la ciudad, vimos brillar el Arewakawi.

Ya en Chihuahua, regresamos a la calle Camilo Torres para limpiar un parque–arroyo junto con organizaciones como Keyah y el Frente Unido por el Bienestar Animal. Retiramos cientos de kilos de basura del cauce y pudimos apreciar también la vegetación urbana que aún resiste. Este arroyo desemboca en el Sacramento, cuerpo de agua que se integra al río Chuviscar para llenar la presa El Granero y, finalmente, desembocar en el sistema Conchos–Bravo. Limpiar los arroyos que viven —o sobreviven— en la ciudad es cuidar un tejido hidrológico internacional.

Los arroyos fueron formados hace miles e incluso millones de años por el movimiento del agua y el viento, así como por las placas tectónicas y la actividad volcánica. Son puntos cruciales para la protección civil y la salud pública; además, funcionan como corredores biológicos y zonas de regulación climática. Hoy se encuentran en el abandono institucional y en un deterioro constante que se asemeja al del tejido social.
Conocerlos, amarlos y cuidarlos es fundamental para garantizar el bienestar de las futuras generaciones.