
PEDRO BERISTAIN
En la política mexicana hay algo más peligroso que la corrupción: la doble moral. Esa que permite condenar con estruendo a unos, mientras se guarda silencio cómplice frente a otros. Esa que convierte la justicia en espectáculo cuando conviene, y en omisión cuando incomoda.
El caso reciente en Chihuahua lo retrata con claridad. La gobernadora Maru Campos fue señalada y llamada a cuentas por una operación coordinada con la CIA para desmantelar un narcolaboratorio. Más allá del debate sobre soberanía o cooperación internacional, la reacción fue inmediata: cuestionamientos, presión política y una narrativa que buscó sembrar sospecha.
Pero del otro lado del país, el silencio es ensordecedor.
El gobierno de Estados Unidos ha señalado vínculos del gobernador Rubén Rocha Moya, militante de Morena, con el narcotráfico. Una acusación de una gravedad enorme, que en cualquier democracia funcional detonaría investigaciones, posicionamientos firmes, exigencia de rendición de cuentas y hasta la renuncia del mismo.
Aquí no.
Aquí no hay conferencias incendiarias. No hay llamados a comparecer. No hay linchamiento mediático desde el poder. Hay silencio. Hay evasivas. Hay una estrategia clara: minimizar, diluir, ignorar.
¿En qué momento la vara de la justicia se volvió selectiva?¿Desde cuándo la legalidad depende del color del partido?
El problema no es solo la contradicción , es el mensaje. Porque cuando el gobierno actúa con doble moral, erosiona la confianza pública y normaliza la impunidad. Se envía una señal peligrosa: no importa lo que hagas, importa quién eres y a quién perteneces.
Un gobierno que exige rendición de cuentas hacia afuera, pero protege hacia adentro, no combate la corrupción: la administra.
Pedro Beristain Flores
Licenciado en Educación Física y En Ciencias Políticas y Administración Pública.
33 años de edad
Padre de Damián y Jacobo, esposo de Rachel Medina
Originario de Jiménez, Chihuahua.
Actualmente Presidente del PRI en Chihuahua Capital
