
EDUARDO PARGA
Hay una pregunta que las nuevas generaciones de Chihuahua deberíamos comenzar a hacernos con mucha más seriedad: ¿la ciudad que estamos construyendo hoy es realmente la ciudad en la que queremos vivir dentro de 10, 20 o 30 años?
Chihuahua está creciendo. Lo vemos todos los días: nuevas viviendas, nuevos comercios, más vehículos y nuevos desarrollos que continúan expandiendo nuestra ciudad. Pero crecer no necesariamente significa avanzar.
Durante la administración municipal de Marco Bonilla hemos visto una importante apuesta por la obra pública y por la construcción de nuevas vialidades. Y hay que decirlo con claridad: Chihuahua necesita infraestructura. Sin embargo, el debate no debería terminar en cuántas calles construimos, cuántos kilómetros pavimentamos o cuánto tráfico puede soportar una nueva vialidad.
La verdadera pregunta es: ¿qué tipo de ciudad estamos construyendo?
Una ciudad no puede planearse únicamente para resolver los problemas del presente. Tiene que anticiparse a los problemas del futuro.
Y aquí es donde las juventudes tenemos mucho que decir.
Somos nosotros quienes vamos a vivir durante las próximas décadas las consecuencias de las decisiones que hoy se toman desde el Ayuntamiento. Seremos quienes busquemos nuestra primera vivienda, quienes enfrentemos el costo de las rentas, quienes utilicemos el transporte público, quienes recorramos diariamente la ciudad para estudiar o trabajar y quienes, eventualmente, formemos nuestras familias aquí.
Por eso resulta preocupante que buena parte de la discusión sobre el desarrollo de Chihuahua siga concentrándose en ampliar vialidades y facilitar el tránsito de automóviles.
¿Dónde está la visión de largo plazo para la vivienda?
¿Dónde está la estrategia para que un joven pueda independizarse sin tener que destinar prácticamente todo su salario a una renta?
¿Dónde está el transporte público que permita a una persona trasladarse de manera eficiente sin depender de tener automóvil?
¿Dónde está la planeación urbana que evite que cada vez tengamos que recorrer mayores distancias para estudiar, trabajar o acceder a servicios?
Porque no todos los jóvenes tenemos las mismas posibilidades.
No todos podemos comprar un automóvil nuevo. No todos podemos pagar una vivienda en las zonas con mayor infraestructura. Y no todos podemos permitirnos perder horas todos los días trasladándonos de un punto a otro de una ciudad que continúa creciendo hacia afuera.
Chihuahua no puede convertirse en una ciudad donde la calidad de vida dependa de cuánto dinero tienes para desplazarte o en qué zona puedes permitirte vivir.
Y aquí creo que existe una diferencia importante entre las necesidades de las nuevas generaciones y la manera en que tradicionalmente se ha entendido el crecimiento de nuestra ciudad.
Los jóvenes no solamente queremos una ciudad con más infraestructura.
Queremos una ciudad donde podamos quedarnos.
Queremos poder estudiar, trabajar, emprender, independizarnos y construir un proyecto de vida sin sentir que para tener mejores oportunidades necesariamente tenemos que abandonar nuestra ciudad.
Queremos parques y espacios públicos dignos. Queremos transporte eficiente. Queremos vivienda accesible. Queremos calles seguras. Queremos una ciudad que también piense en quien camina, en quien utiliza bicicleta, en quien utiliza transporte público y en quien no tiene automóvil.
Y eso requiere algo que ninguna inauguración puede resolver por sí sola: planeación.
Por supuesto que Chihuahua necesita nuevas vialidades. Por supuesto que necesita pavimentación y mantenimiento. Pero una administración municipal no debería medirse únicamente por la cantidad de concreto que deja detrás.
También debería medirse por la calidad de vida que deja.
El gobierno municipal de Marco Bonilla tiene la responsabilidad de pensar más allá del siguiente año, de la siguiente obra o de la siguiente fotografía de inauguración.
Tiene que pensar en el Chihuahua de 2030, de 2040 y de 2050.
Porque el futuro de una ciudad no se construye únicamente colocando concreto. Se construye tomando decisiones que consideren a las personas que todavía no ocupan los espacios de decisión, pero que van a vivir sus consecuencias.
Y esas personas somos los jóvenes.
Por eso creo que las juventudes debemos dejar de ser vistas únicamente como asistentes a eventos, como una fotografía para las redes sociales o como un sector al que se le pide el voto cada tres años.
Tenemos que participar en la discusión sobre el rumbo de nuestra ciudad.
Tenemos que cuestionar. Tenemos que proponer. Tenemos que exigir resultados.
Y también tenemos que atrevernos a decir cuando consideramos que las decisiones de nuestros gobiernos no están respondiendo a lo que Chihuahua necesita.
Chihuahua no le pertenece a una administración municipal. No le pertenece a un partido político ni a una generación.
Chihuahua nos pertenece a todos.
Y precisamente por eso tenemos que comenzar a preguntarnos qué ciudad queremos dejarle a quienes vienen después de nosotros.
Porque el futuro de Chihuahua no se inaugura.
El futuro de Chihuahua se planea.
Y las nuevas generaciones también tenemos derecho a decidir cómo queremos vivirlo.¿Estamos construyendo la ciudad que queremos vivir?
Por Eduardo Parga
Hay una pregunta que las nuevas generaciones de Chihuahua deberíamos comenzar a hacernos con mucha más seriedad: ¿la ciudad que estamos construyendo hoy es realmente la ciudad en la que queremos vivir dentro de 10, 20 o 30 años?
Chihuahua está creciendo. Lo vemos todos los días: nuevas viviendas, nuevos comercios, más vehículos y nuevos desarrollos que continúan expandiendo nuestra ciudad. Pero crecer no necesariamente significa avanzar.
Durante la administración municipal de Marco Bonilla hemos visto una importante apuesta por la obra pública y por la construcción de nuevas vialidades. Y hay que decirlo con claridad: Chihuahua necesita infraestructura. Sin embargo, el debate no debería terminar en cuántas calles construimos, cuántos kilómetros pavimentamos o cuánto tráfico puede soportar una nueva vialidad.
La verdadera pregunta es: ¿qué tipo de ciudad estamos construyendo?
Una ciudad no puede planearse únicamente para resolver los problemas del presente. Tiene que anticiparse a los problemas del futuro.
Y aquí es donde las juventudes tenemos mucho que decir.
Somos nosotros quienes vamos a vivir durante las próximas décadas las consecuencias de las decisiones que hoy se toman desde el Ayuntamiento. Seremos quienes busquemos nuestra primera vivienda, quienes enfrentemos el costo de las rentas, quienes utilicemos el transporte público, quienes recorramos diariamente la ciudad para estudiar o trabajar y quienes, eventualmente, formemos nuestras familias aquí.
Por eso resulta preocupante que buena parte de la discusión sobre el desarrollo de Chihuahua siga concentrándose en ampliar vialidades y facilitar el tránsito de automóviles.
¿Dónde está la visión de largo plazo para la vivienda?
¿Dónde está la estrategia para que un joven pueda independizarse sin tener que destinar prácticamente todo su salario a una renta?
¿Dónde está el transporte público que permita a una persona trasladarse de manera eficiente sin depender de tener automóvil?
¿Dónde está la planeación urbana que evite que cada vez tengamos que recorrer mayores distancias para estudiar, trabajar o acceder a servicios?
Porque no todos los jóvenes tenemos las mismas posibilidades.
No todos podemos comprar un automóvil nuevo. No todos podemos pagar una vivienda en las zonas con mayor infraestructura. Y no todos podemos permitirnos perder horas todos los días trasladándonos de un punto a otro de una ciudad que continúa creciendo hacia afuera.
Chihuahua no puede convertirse en una ciudad donde la calidad de vida dependa de cuánto dinero tienes para desplazarte o en qué zona puedes permitirte vivir.
Y aquí creo que existe una diferencia importante entre las necesidades de las nuevas generaciones y la manera en que tradicionalmente se ha entendido el crecimiento de nuestra ciudad.
Los jóvenes no solamente queremos una ciudad con más infraestructura.
Queremos una ciudad donde podamos quedarnos.
Queremos poder estudiar, trabajar, emprender, independizarnos y construir un proyecto de vida sin sentir que para tener mejores oportunidades necesariamente tenemos que abandonar nuestra ciudad.
Queremos parques y espacios públicos dignos. Queremos transporte eficiente. Queremos vivienda accesible. Queremos calles seguras. Queremos una ciudad que también piense en quien camina, en quien utiliza bicicleta, en quien utiliza transporte público y en quien no tiene automóvil.
Y eso requiere algo que ninguna inauguración puede resolver por sí sola: planeación.
Por supuesto que Chihuahua necesita nuevas vialidades. Por supuesto que necesita pavimentación y mantenimiento. Pero una administración municipal no debería medirse únicamente por la cantidad de concreto que deja detrás.
También debería medirse por la calidad de vida que deja.
El gobierno municipal de Marco Bonilla tiene la responsabilidad de pensar más allá del siguiente año, de la siguiente obra o de la siguiente fotografía de inauguración.
Tiene que pensar en el Chihuahua de 2030, de 2040 y de 2050.
Porque el futuro de una ciudad no se construye únicamente colocando concreto. Se construye tomando decisiones que consideren a las personas que todavía no ocupan los espacios de decisión, pero que van a vivir sus consecuencias.
Y esas personas somos los jóvenes.
Por eso creo que las juventudes debemos dejar de ser vistas únicamente como asistentes a eventos, como una fotografía para las redes sociales o como un sector al que se le pide el voto cada tres años.
Tenemos que participar en la discusión sobre el rumbo de nuestra ciudad.
Tenemos que cuestionar. Tenemos que proponer. Tenemos que exigir resultados.
Y también tenemos que atrevernos a decir cuando consideramos que las decisiones de nuestros gobiernos no están respondiendo a lo que Chihuahua necesita.
Chihuahua no le pertenece a una administración municipal. No le pertenece a un partido político ni a una generación.
Chihuahua nos pertenece a todos.
Y precisamente por eso tenemos que comenzar a preguntarnos qué ciudad queremos dejarle a quienes vienen después de nosotros.
Porque el futuro de Chihuahua no se inaugura.
El futuro de Chihuahua se planea.
Y las nuevas generaciones también tenemos derecho a decidir cómo queremos vivirlo.
Luis Eduardo Parga es coordinador estatal de UniJuv, una red de jóvenes universitarios en Chihuahua que buscan incidir en el cambio político de su estado.
