
Tromba de Obsidiana
Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.
Un profe rural, Lucio Cabañas, también conocido como “comandante”, por aquella década de 1970, desde la organización política el Partido de los Pobres, dijo una vez: Desdichados los pueblos cuyas juventudes no se rebelen contra las injusticias. Y esa desdicha es directamente proporcional a la destrucción del tejido socio-ambiental que se descompone por medio de un círculo vicioso de violencia, anti-valores y decadencia de las condiciones de vida, algo que en el norteño estado de Chihuahua se conoce bien.
De ser una de las regiones mexicanas con más actividad subversiva por parte del estudiantado, pasó a ser uno de los referentes de pasividad e indiferencia estudiantil. Sin embargo, esta situación está cambiando poco a poco. Desde la movilización del año pasado con la toma de rectoría por parte del grupo Insurgentes UACH, hasta la digna lucha de Tania Román por acceso a la educación superior, la consciencia en las juventudes está empezando a retomar el camino de la reparación del tejido social, es decir, de la rebeldía.
Junto a las movilizaciones a favor de la gratuidad universitaria en la UACH —una de las universidades públicas más caras del país—, se conformaron distintos grupos estudiantiles organizados. Entre ellos, el Movimiento Estudiantil Socio-Ambiental, que participó en diversas acciones de protesta en defensa del Cerro Mesa de los Caballos, así como en actividades ciudadanas de restauración tras el gran incendio forestal que impactó fuertemente esa zona.
Hoy, recuperando las tradiciones de los normalistas, las tomas de tierras en los años sesenta y la organización estudiantil con consciencia de clase de los años setenta, la agrupación MESA le agrega una “O”, de Obrero. Es un reconocimiento al origen de quienes conforman este movimiento: la clase trabajadora, y a cómo cualquier persona perteneciente a este sector puede acompañar y fortalecer estos esfuerzos. Así, el MOESA ha tejido lazos con grupos como Retén Ciudadano y Frente de Consumidores, fortaleciendo luchas comunes, sobre todo en apoyo a Tania Román, violentamente desalojada de la universidad por el fascista rector de la UACH.
Es indignante que para acceder a la educación exista un tamiz como el dinero que tengas tú o tu familia. Pero esa indignación es solo el reflejo de lo podrido del tejido socio-ambiental actual. Frente a esto, la consciencia y las acciones organizadas de las y los estudiantes pueden incidir en un cambio positivo de las condiciones cada vez más deterioradas que vivimos.
Por ello, el MOESA también ha buscado el enlace nacional, encontrando solidaridad en la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, que se ha sumado a la lucha por la gratuidad universitaria.
La rebeldía, en Chihuahua, vuelve a respirar. Pero no basta con respirar: necesita convertirse en voz, en organización, en acción constante. La juventud y la clase trabajadora de hoy no pueden limitarse a indignarse; deben construir alternativas colectivas para recuperar lo que se nos ha arrebatado: el derecho a la educación, a un ambiente sano y a una vida digna.
El Movimiento Obrero-Estudiantil Socio-Ambiental es apenas un signo de que las cosas están cambiando. No es un capricho ni una moda: es la continuidad de décadas de luchas que nunca murieron del todo, que siguieron latiendo en las comunidades rurales, en las resistencias obreras, en quienes defienden los cerros y el agua.
Si algo nos enseñan las luchas del pasado es que ningún poder es eterno y que la apatía nunca resuelve nada. En cambio, la organización y la solidaridad sí pueden abrir horizontes. Chihuahua tiene memoria, y también tiene futuro: depende de que quienes lo habitamos nos atrevamos, otra vez, a rebelarnos contra la injusticia.