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Tromba de Obsidiana

Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.

En 2020, el Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) y la Dirección de Obras Públicas de Chihuahua presentaron un estudio técnico fundamental: la actualización multimodal del macromodelo de transporte (MDT) de la ciudad. Su objetivo era claro: evaluar proyectos viales y de movilidad para enfrentar la creciente demanda de traslados en la capital.

Entre las alternativas estudiadas, destacó la polémica vialidad Poniente 5, proyectada como un eje paralelo al Periférico de la Juventud. La expectativa era que aliviara el congestionamiento en ese corredor y en la Av. de la Cantera. Sin embargo, los resultados fueron contundentes:

No existe suficiente tráfico externo (de Juárez o Cuauhtémoc) para justificarla como libramiento.

El poco tráfico que atraería sería local, principalmente de fraccionamientos periféricos.

Para que resultara útil tendría que agravarse mucho más el congestionamiento actual, algo que el propio modelo no prevé antes de 2030.

Su construcción beneficiaría más a los desarrolladores inmobiliarios que a la movilidad colectiva de la ciudad.

El estudio también comparó escenarios de crecimiento urbano. Los resultados mostraron que la expansión desordenada hacia las periferias (modelo “inercial”) solo multiplica el uso del automóvil y los problemas de tráfico. En contraste, las alternativas de desarrollo compacto y con transporte colectivo (BRT en Av. Tecnológico) sí reducen congestionamiento, emisiones y consumo energético.

El contraste no puede ser más claro: mientras Poniente 5 dispersa la ciudad y alimenta la dependencia del automóvil, el BRT en Tecnológico ofrece beneficios directos a miles de usuarios y al conjunto de la ciudad, incrementando la participación modal del transporte público y disminuyendo la del auto.

La recomendación final del IMPLAN fue inequívoca:
👉 No invertir recursos públicos en Poniente 5 antes de 2030.
👉 Priorizar el fortalecimiento del transporte colectivo, con un sistema BRT en Tecnológico como eje estratégico de movilidad.

Este estudio debería servir como guía de política pública. Pero la pregunta es inevitable: ¿por qué entonces seguimos escuchando promesas de nuevas vialidades periféricas como Poniente 5, en lugar de consolidar un transporte público digno, seguro y eficiente?

La respuesta parece estar menos en la técnica y más en la política: los intereses inmobiliarios siguen dictando gran parte de la planeación urbana en Chihuahua.

Hoy, la evidencia científica y técnica nos dice que la ciudad necesita menos cemento para autos y más inversión en transporte colectivo. Ignorar estas conclusiones no solo es irresponsable: es condenar a Chihuahua a repetir los mismos errores que la han vuelto una de las ciudades más dispersas, caras e insostenibles de México.