maru campos

PATO RENGO, o “lame duck” le dicen los gringos al político saliente, cuya autoridad se erosiona, se “ceba”, entre su derrota (o la de su partido) y la toma de posesión de su sucesor. Es cuando ya no toman en serio al Ejecutivo. Le pasó a Jimmy Carter, a Reagan, a Clinton, a Obama. Es uno de los conceptos imprescindibles de la ciencia política estadounidense.

En Chihuahua comenzó temprano. Usualmente, en el Otro Lado, el periodo es entre la elección del segundo martes de noviembre y la toma de posesión el 21 de enero. Aquí, ni siquiera hemos votado y ya hay un “pato rengo” en Palacio. Pero nadie quiere ser un “lame duck”. Nadie.

Ese fue el principal mensaje político de la gobernadora Maru Campos en su Cuarto Informe. Ya lo había dicho antes, cuando, indignada aseveró hace unos meses: “Hay gobernadora para rato“. Un enojo palpable.

Pero ahora, dejó caer el martillo y redobló.

MARU, COMO OBAMA

A Obama, en una rueda de prensa, lo increparon como un “lame duck“. Y reviró: “I’ve got a pen and I’ve got a phone“, dijo, en alusión a su facultad para firmar órdenes ejecutivas y mover la maquinaria del Ejecutivo sin pasar por el Congreso. No permitió que le descontaran estatura… ni autoridad.

Igual Campos Galván.

No hay que andar con tonterías allá afuera de que Maru ya se va”, aseveró

“Esto no se ha terminado, Chihuahua es de los chihuahuenses, porque a este gobierno todavía le falta lo mejor. Hoy Chihuahua tiene gobierno y tienen gobernadora para enfrentar lo que venga”.

“Lo mejor está por venir”, aseguró.

NO SOLO FUE UNA RECRIMINACIÓN a quienes al interior de su partido ya ven una derrota anticipada para Acción Nacional en el más simbólico de sus últimos reductos. También va para los adelantados que — sí, le echan flores y defienden su gobierno, pero ya viven y respiran en 2027; aquellos que ya piensan solo en la sucesión, lo demás al carajo.

Y también va para una población que ya está totalmente sumergida en la disputa electoral del ‘27. Para aquellos que ya no registran a la gobernadora como perfil preponderante en la política estatal, prefiriendo hablar mejor de Cruz, Andrea, Bonilla y demás.

CRUZ Y MARU: PACTO

Y ES QUE EL MENSAJE de “Chihuahua no se entrega” no fue tanto para negar aquel rumor que ya pactó para entregarle el Estado Grande a su ex-compañero de partido, Cruz Pérez Cuéllar (vaya, que a estas alturas aún tenemos que pretender que es rumor cuando todos sabemos la realidad).

Su mensaje de “no entregar Chihuahua” fue más bien una advertencia de que no se va a entregar el estado a la Morena “morena“. La gobernadora está perfectamente “agustoentregándole el comando a Cruz, con que no sea cualquier otro u otra que sí son de Morena, de la izquierda militante. Por eso su discurso, rayando en el alarmismo moral, profundamente regionalista, de no someterse al poder central.

Tan cómoda está con Cruz como sucesor que ya están palomeados varios secretarios de Estado por ambos (se lo dejamos de tarea averiguar cuáles).

Tan cómoda está con Cruz como sucesor que se presta como “piñata” para que el edil sume puntos con una población harta, descontenta con su gestión: recordemos la falsa confrontación por los baches, el guionizado desentendimiento sobre la Torre Centinela, para enfocar y sumarle puntos al alcalde juarense.

Tan cómoda está con Cruz como sucesor que dinamita las posibilidades del único que lo puede vencer, Marco Bonilla, habilitando una salida alterna como son las candidaturas de Daniela Álvarez y Gilberto Loya.

Tan cómoda está Maru con Cruz como sucesor que aparecen bardas — separadas por centímetros y por minutos — de los candidatos de la gober en toda la ciudad. Ni disimulan.

Que se escuche fuerte y claro. Y que llegue lejos: el Estado no se entrega. No se entrega la dignidad de nuestra gente que tanto nos ha costado construir. No se entrega el futuro de nuestras familias. Aquí defenderemos a Chihuahua con ley, con carácter, con dignidad. Aquí defendemos la patria, la libertad y la familia”, exclamó Maru.

Así que el mensaje de Maru de “no entregar Chihuahua” es sumamente preciso. No entregar, pero a la izquierda ideológica, a la izquierda “de veras”.

Cruz no es aquel enemigo político al que se refería. El fantasma guinda, como lo pinta la mandataria, son otros, los de convicción. No es Cruz.

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