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PEDRO BERISTAIN

Nunca una reforma ha venido del gobierno, siempre ha sido un clamor por parte de la oposición, buscando con esto equilibrar las cosas en la administración, búsqueda y operación del poder.

Parece que hoy al gobierno se le olvidó, que ellos hoy ostentan el poder gracias al consenso y diálogo que se generó cuando eran oposición, lo que les permitió acceder a espacios de representación y ser la voz de ciudadanos que no se sentían representados por otra fuerza política.

Las reformas electorales no son simples ajustes administrativos; son decisiones que pueden fortalecer la democracia o debilitarla profundamente.

México tardó décadas en construir un sistema electoral creíble. Después de crisis políticas, presiones sociales y reformas sucesivas, el país logró levantar instituciones como el Instituto Nacional Electoral, que hoy da confianza a la ciudadanía en las elecciones.

Por eso preocupa que bajo el discurso de la austeridad (que es lo último que tiene este gobierno), se pretenda rediseñar el sistema electoral sin los consensos que exige una democracia madura.

La historia política mexicana demuestra que cuando el poder intenta controlar las reglas electorales, la democracia se debilita. Las instituciones electorales existen precisamente para evitar que el gobierno en turno sea juez y parte en la competencia política.

Desde su origen, el Partido Revolucionario Institucional ha sido parte central de la evolución del sistema político mexicano. Muchas de las reformas que permitieron abrir la competencia electoral, incorporar a las minorías y construir instituciones autónomas surgieron en momentos en que el país entendió que la estabilidad democrática dependía de reglas claras y confiables.

Una reforma electoral responsable debería buscar mayor participación ciudadana, procesos más eficientes y reglas equitativas, lo que millones de mexicanas y mexicanos pedimos: la no intervención del crimen organizado en las elecciones. Tema central que hoy tiene de rodillas a nuestro país.

Porque cuando el gobierno decide modificar las reglas sin escuchar a la oposición, a la sociedad civil y a los expertos, el mensaje que se envía es preocupante: que el objetivo no es perfeccionar la democracia, sino inclinar la cancha.
Y en la democracia, inclinar la cancha siempre termina erosionando la confianza pública.

México no necesita elecciones más fáciles de controlar.
Necesita elecciones más confiables.


Pedro Beristain Flores
Licenciado en Educación Física y En Ciencias Políticas y Administración Pública.
33 años de edad
Padre de Damián y Jacobo, esposo de Rachel Medina

Originario de Jiménez, Chihuahua.

Actualmente Presidente del PRI en Chihuahua Capital

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