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MIKE, RICK Y JASON. Así se llaman tres de los cuatro estadounidenses que venían en el convoy de regreso del operativo donde reventaron un narcolaboratorio en El Pinal. Dos de ellos murieron en un presunto accidente carretero en Guachochi, la madrugada del sábado.

Los nombres los revela el periodista juarense Luis Chaparro, especializado en crimen organizado, quien obtuvo información exclusiva que los identifica como agentes adscritos a la base ADO de la CIA en Monterrey.

No eran simples instructores. Eran agentes de la CIA operando sin permiso ni conocimiento de autoridades federales. Las autoridades de Chihuahua mienten.

Y mienten de forma descarada. Aseguran que eran instructores de drones que agarraron “rait” con el jefe de la AEI por pura casualidad. El fiscal César Jáuregui incluso dijo que tenían un vuelo temprano al día siguiente.
¿En serio? ¿Qué tipo de “instructores” se internan en lo más recóndito de la sierra, sin vehículo propio ni plan de regreso?

No solo eso, según las fuentes del director de Pie de Nota, los agentes no nada más participaron en el operativo, sino que lo lideraron. Incluso portaban uniforme de la AEI.

El caso es delicado. Pocas veces se ha visto a Jáuregui – con todo el control que presume – tan nervioso como en la rueda de prensa del domingo. Ni qué decir de la Presidenta Claudia Sheinbaum cuando fue cuestionada del caso en la Mañanera del lunes: seca, contenida, visiblemente molesta. Apenas reprimiendo el disgusto con el gobierno de Chihuahua.

Y CON TODA RAZON. De confirmarse la presencia y operación de agentes de la CIA en Chihuahua sin autorización, la Gobernadora Maru Campos (y los demás mandos involucrados) estarían violando los artículos 68 al 74 de la Ley de Seguridad Nacional, que regulan la actuación de agentes extranjeros en México.

También el Artículo 40 constitucional, reformado apenas en marzo de 2025 a iniciativa de la Presidenta Sheinbaum Pardo, para incluir explícitamente el rechazo a la intervención extranjera y condicionar cualquier actuación en territorio nacional a la autorización del Estado mexicano.

NO ES LA PRIMERA VEZ que el gobierno de Campos le abre la puerta trasera a Estados Unidos para intervenir en México. Ahí está el “memorándum de entendimiento” con Texas. La promesa a Greg Abbott para abrir acceso a la infraestructura de vigilancia e inteligencia C7-iA de la Plataforma Centinela. Y la revelación de Jorge Muro de la Rosa, director del C7-iA, al periódico El País: en el piso 18 de la Torre Centinela tendrán sus oficinas la DEA, la ATF, la Patrulla Fronteriza, la policía de El Paso y las Fiscalías de Texas y Nuevo México.

Así es. Mientras el Gobierno Federal reafirma la soberanía, el Gobierno del Estado de Chihuahua abre la puerta trasera.

Y HAY UN DATO MAS que debe encender alarmas.

El actual embajador de Estados Unidos en México, Ronald D. Johnson, no es un diplomático convencional.

Es “exoficial” de la CIA – entre comillas, porque, como se dice en esos círculos, “Nadie realmente nunca deja la agencia. No one ever really leaves the agency.”

Fue además Green Beret (fuerzas especiales) y asesor militar a El Salvador durante su guerra civil en la década de los ’80s, en la cual Estados Unidos apoyó atrocidades de lesa humanidad contra una insurgencia popular. Es un desalmado con experiencia en el peor tipo de intervención.

Estuvo en el Ejército y la CIA precisamente en los periodos de la historia en que ha sido documentado como esa agencia fue cómplice y dueña del crimen organizado. La CIA mató a Kiki Camarena porque descubrió cómo la agencia utilizaba al narco mexicano para financiar y entrenar la Contra nicaragüense. La CIA detonó la industria de la heroína en Afganistán para financiar el mujahideen contra la Unión Soviética. La CIA era aliada de Pablo Escobar y ordenaba a Manuel Noriega… podría seguir y aquí estaríamos todo el día.

Lo cierto es que tanto la CIA como la DEA no combaten el narcotráfico, lo administran, lo controlan y lo gestionan. No es conspiración. Está documentado. Johnson es de esta escuela y esta estructura, la que desnudan los investigadores como Gary Webb, Alfred McCoy, Peter Dale Scott, para mencionar algunos.

NO ES UN EMBAJADOR CONVENCIONAL. Es un operador de inteligencia con historial en guerras sucias, balcanización y actividades subversivas. Es obvio que ninguna operación encubierta en suelo mexicano se mueve sin conocimiento de Su Excelencia, el embajador Johnson.

Entonces, si ya hay indicios de agentes de la CIA operando en Chihuahua… ¿qué papel está jugando realmente el Gobierno del Estado?

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