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Tromba de Obsidiana

Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.

Es de celebrarse que la más reciente tendencia en redes sociales mexicanas sea la defensa de los ecosistemas. Con Mar de Regil inició una ola viral de protección al arrecife de Mahahual, amenazado por un proyecto turístico de gran escala. La gente de todo el país alzó la voz y sumó sus firmas y sus intenciones en contra del impacto ambiental y a favor de la conservación de la biodiversidad y el paisaje. Salvemos Mahahual… ¿Les suena?

A continuación, decenas de luchas empezaron a resonar con la fuerza de millones de personas sumándose al cuidado de las áreas naturales: contra el proyecto Sahuaro en Sonora en defensa de las ballenas, contra la destrucción del río Santa Catarina en Monterrey, contra la ampliación del puerto en Loreto, entre muchas otras. Esto refleja el crecimiento de la conciencia en uno de los países más afectados por la crisis climática, que es México.

Sin duda es un paso positivo; sin embargo, siempre es necesario matizar cuáles son los riesgos, pues así como toda derrota conlleva posibilidades de aprender, reagruparse y avanzar, toda victoria, por el contrario, también implica la necesidad de redoblar esfuerzos para no caer, para que un paso hacia adelante no se convierta en dos hacia atrás. Para eso es necesario revisar la historia, el pensamiento crítico y la comunicación con los sectores que defienden el territorio en México.

En ese sentido, propongo revisar unos puntos clave. Llama la atención que se busque defender sobre todo playas y sobre todo ballenas o fauna marina, arrecifes o especies muy específicas, como el jaguar o el manatí, replicando un poco, me parece, la fiebre del ajolote, pero que de los bosques, montañas y desiertos se hable muy poco o casi nada, así como de los pequeños poblados o ciudades que no son turísticas pero igualmente defienden su territorio. Vale la pena apoyarles, pues muchas veces enfrentan situaciones dramáticas.

La defensa de la naturaleza no se debe basar en qué tan turístico puede ser un lugar. Todos los lugares son potencialmente turísticos, pero no son igualmente gentrificables. Es decir, puedes visitar una montaña o un desierto y disfrutarlo muchísimo, pero el énfasis en las playas siempre debe visibilizar estos otros sitios donde además viven comunidades defensoras. Asimismo, todas las especies son necesarias; no debemos caer en una escala de estética o belleza comparando al tlacuache con el águila real, por decir algo. Necesitamos de toda la biodiversidad.

Celebrar la defensa de Mahahual, de las ballenas, del jaguar o del río Santa Catarina es justo y necesario, pero no es suficiente. Mientras el algoritmo ilumine solo ciertos paraísos y olvide el desmonte silencioso de los cerros de Chihuahua, mientras un manatí nos conmueva más que la extinción de un cactus endémico o el desplazamiento de una comunidad rarámuri, nuestra conciencia seguirá incompleta. Por eso, el llamado no es a dejar de firmar por las playas, sino a preguntarnos activamente: ¿dónde más está sangrando hoy la tierra sin que nadie lo publique? Salvemos Mahahual, sí, y salvemos también los cerros de Chihuahua, los bosques de niebla, los desiertos olvidados, los ríos sin reflectores. Investiguemos, compartamos las luchas que no son tendencia, donemos a las organizaciones locales que defienden el territorio sin cámaras presentes y exijamos a nuestras autoridades que la protección de la naturaleza no dependa de su potencial turístico ni de la belleza mediática de sus especies. Porque la verdadera victoria no será viral, será cuando el país entero entienda que el latido de un cerro en Chihuahua es tan vital como el de un arrecife en Quintana Roo, y actúe en consecuencia.


Ha colaborado con colectivos, universidades y organizaciones nacionales e internacionales en proyectos de documentación, comunicación y defensa ambiental, incluyendo iniciativas apoyadas por National Geographic. Su trabajo se centra en la relación entre territorio, justicia ambiental, democracia y dignidad comunitaria. Es autor de columnas de opinión en diversos medios locales, donde analiza problemáticas socioambientales, políticas públicas, derechos humanos y participación ciudadana. Concibe la escritura como una herramienta para acompañar procesos colectivos y visibilizar las voces que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones.

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