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Tromba de Obsidiana

Luis Andrés Rivera Levario. Vocero de Salvemos los Cerros de Chihuahua.

El mito de la ciudad que “necesita crecer”
Cada vez que un desarrollador anuncia un nuevo fraccionamiento en las faldas de un cerro, el argumento es siempre el mismo: “la ciudad necesita crecer”.

Pero los datos cuentan una historia diferente.

En la ciudad de Chihuahua hay 46,848 viviendas particulares deshabitadas.
En todo el estado, la cifra asciende a aproximadamente 240,000.

Para que lo dimensiones: esas viviendas vacías podrían albergar a más de 150,000 personas adicionales sin construir una sola casa nueva.
¿Para qué entonces seguir abriendo calles sobre cerros y zonas de recarga de agua?

Si fuéramos como Guadalajara, seríamos tres veces más pequeños
Un ejercicio sencillo: comprar densidades.

Ciudad Densidad (hab/km²)
Guadalajara 9,730
Chihuahua 3,574
Si Chihuahua tuviera la densidad de Guadalajara, ocuparía solo 95 km² de los 259 km² actuales.
Es decir, podríamos liberar 164 km² de territorio que hoy está pavimentado, fraccionado o en proceso de urbanización.

Ese territorio no es “espacio sobrante”: es suelo que puede filtrar agua, regular temperatura, prevenir inundaciones y darle un respiro a la ciudad.

Los cerros no son terrenos baldíos. Son nuestra infraestructura de vida.
Cuando se urbaniza un cerro, se destruye la capacidad natural de captar agua de lluvia.
El agua que antes se infiltraba ahora corre por las calles, buscando las partes bajas.
Y cuando llega la tormenta, no es un “acto de Dios”: es el resultado de haber tapado las esponjas de la ciudad.

Lo hemos visto en cada inundación.
Lo hemos pagado en cada recibo de agua más caro.
Lo hemos sufrido en cada día de calor extremo.

Ojinaga: el aviso que ignoramos
En Ojinaga, una de cada tres viviendas está vacía (31.6%).
Eso no es un dato curioso. Es la radiografía de una región golpeada por la violencia, la migración y el abandono.

El resto del estado no está muy lejos: Parral (16%), Delicias (16%), Camargo (18%).
Mientras la capital se llena de discursos de progreso, el territorio se vacía.
Y cuando el territorio se vacía, la sangre —en forma de desigualdad, inseguridad y descontento— termina salpicando a todos.

Lo que está en juego
No se trata de estar en contra del crecimiento.
Se trata de preguntarnos: ¿crecer para quién y para qué?

Si hay viviendas vacías de sobra, ¿por qué seguimos autorizando fraccionamientos en la periferia?

Si la densificación libera territorio y mejora la calidad de vida, ¿por qué seguimos expandiendo la mancha urbana?

Si los cerros son vitales para el agua y el clima, ¿por qué los seguimos vendiendo como si fueran lotes de monopoly?

Las respuestas no son técnicas. Son políticas.

Para cerrar (y para abrir el debate)
El gobierno local y los desarrolladores inmobiliarios tienen un modelo: expandir, vender, construir.
Pero ese modelo ya chocó con sus propios límites: nos quedamos sin agua, con más calor, con más tráfico, con más inundaciones.

Los datos están disponibles. Cualquier persona puede consultar el Censo 2020 del INEGI y verificar las cifras.

La pregunta ya no es “¿cómo hacemos crecer la ciudad?”.
La pregunta es “¿cómo aprendemos a habitar mejor lo que ya tenemos?”.

Mientras tanto, los cerros siguen cayendo.
Y las casas vacías, vacías.

Luis Andrés Rivera Levario


Ha colaborado con colectivos, universidades y organizaciones nacionales e internacionales en proyectos de documentación, comunicación y defensa ambiental, incluyendo iniciativas apoyadas por National Geographic. Su trabajo se centra en la relación entre territorio, justicia ambiental, democracia y dignidad comunitaria. Es autor de columnas de opinión en diversos medios locales, donde analiza problemáticas socioambientales, políticas públicas, derechos humanos y participación ciudadana. Concibe la escritura como una herramienta para acompañar procesos colectivos y visibilizar las voces que históricamente han sido excluidas de la toma de decisiones.

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