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SANTURRONA RENIEGA DE MARISELA

CUANDO UNO CREE que ya lo ha visto todo en el debate público, siempre aparece alguien dispuesto a romper el récord de la insensibilidad. Ahora fue la activista Ruth Sánchez, quien decidió opinar sobre Marisela Escobedo no para reconocer su lucha, sino para desacreditarla. Como si no bastara, calificó de “vergüenza” las manifestaciones que la madre de Rubí encabezó, aludiendo a que protestaba “desnuda”, reduciendo una de las luchas más emblemáticas por la justicia en Chihuahua a un comentario tan simplista como desafortunado.

Qué vergüenza que como mamá haya tenido más fuerza de salir a marchar desunida en las calles por su hija muerta encontrada en un bote de basura, literal, que por haber realmente metido las manos y arrebatado de las garras de esa bestia a su tesoro”, expresó.

No conforme con ello, también afirmó que le “revienta” ver la placa de Marisela frente a Palacio de Gobierno, porque, según su visión, le faltó el coraje para impedir el asesinato de Rubí. Esas fueron las palabras de la SANTURRONA.

Las declaraciones, por supuesto, encendieron las redes sociales, y no era para menos. Cuestionar las decisiones de una madre que terminó asesinada mientras exigía justicia para su hija es, cuando menos, un ejercicio de absoluta falta de empatía. Más aún cuando Marisela Escobedo se convirtió en un símbolo nacional precisamente por evidenciar las fallas del sistema de justicia frente a la violencia feminicida.

Ahora falta ver cuánto tarda en llegar la ya conocida disculpa pública, el video con semblante compungido y el clásico “mis palabras fueron sacadas de contexto”. Acuerdense que cuando a uno lo “cancelan”, no tardan en querer limpiar su imagen. El tema con Ruth es que ni con todo el jabón del mundo, pues no es la primera vez…

¿DERECHOS HUMANOS?

MIRE USTED la fotografía que ayer llamó la atención en la grilla local. En La Casona coincidieron las diputadas panistas Nancy “La China” Frías y Joceline Vega Vargas; la emecista Alma Portillo; la exmorenista Rosana Díaz Reyes; y la presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, Ada Miriam Aguilera. La imagen la compartió la propia ombudsperson en sus redes sociales, acompañada del mensaje: “Agradable y constructiva plática con mis queridas amigas”. Por su parte, La China aseguró que se trató de una reunión de trabajo para revisar una “agenda conjunta” con perspectiva de derechos humanos.

Hasta ahí, todo bien. El problema es que la memoria política existe. Porque varias de las presentes fueron protagonistas, apenas hace unos meses, de uno de los episodios más cuestionados por colectivos de la diversidad sexual en el Congreso del Estado. Le hablamos de la sesión del 28 de mayo que terminó reventada justo cuando se perfilaba la discusión de la armonización del matrimonio igualitario.

La China, quien frente a representantes de la comunidad LGBT había manifestado respaldo a la iniciativa, terminó votando a favor de la moción de Xóchitl Contreras para SUSPENDER la sesión a “falta de condiciones” y sepultar, una vez más, el tema. Joceline, por su parte, aclaró después que nunca prometió apoyar el matrimonio igualitario, sino únicamente respeto hacia la comunidad. Alma Portillo, aunque públicamente dijo respaldar la reforma, ni siquiera apareció el día de la votación.

Y Rosana Díaz… bueno, Rosana ya hizo de la abstención una filosofía política para quedar bien con todos y comprometerse con nadie.

¿De CUÁLES derechos estamos hablando? 

EL SILENCIO TAMBIÉN HABLA

MUCHAS LECTURAS dejó la rueda de prensa que ofrecieron Rafael Loera, exsecretario de Desarrollo Humano y Bien Común, y Anya Trevizo, su esposa y exasistente particular de la gobernadora Maru Campos. 

Ambos abandonaron recientemente sus cargos, apenas unos días después del episodio en el que la mandataria reprendió públicamente a Anya durante una conferencia transmitida en vivo, escena que terminó por brincar del ámbito local al nacional por las críticas hacia el trato déspota mostrado por la gobernadora.

La imagen más reveladora no fue una declaración, sino la ausencia de ella, pues cuando este medio le preguntó directamente a Anya si los malos tratos por parte de Maru eran una constante, la respuesta fue el SILENCIO. Una pausa incómoda, la mirada perdida y ningún desmentido. Antes de que pudiera responder, Rafael Loera tomó la palabra y desvió el tema, asegurando que, POR PARTE DE ELLOS, la relación con la gobernadora estaba bien…

Durante todo el encuentro, Anya lució nerviosa, distante y visiblemente contenida. Ella misma reconoció que su salida no terminó como le hubiera gustado, aunque optó por cerrar el episodio sin confrontaciones. Un mensaje medido, casi quirúrgico, que dejó la impresión de que había mucho más por contar, pero muy poco margen para hacerlo cuando las lealtades políticas (obligadas) siguen de por medio…

Lo que sí trascendió, según distintas versiones recogidas tras el incidente, es que el episodio provocó una oleada de solidaridad hacia Anya dentro y fuera del Gobierno del Estado. 

El regaño público no solo incomodó a quienes lo presenciaron; también habría generado un profundo desgaste entre personas cercanas al equipo gubernamental, varias de las cuales, nos aseguran, terminaron decepcionadas por la forma en que se manejó el caso.

Por cierto. Tan fuerte fue el impacto del episodio que, incluso desde Morena, ya hubo ayer quien intentó acercarse a Rafa para conversar…

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