
LUIS EDUARDO PARGA
Análisis sobre el éxodo del talento joven y las alternativas de transformación para nuestro estado.
No hay escena más dolorosa en nuestro estado que la de una madre o un padre despidiendo a su hijo en la central de autobuses o en el aeropuerto. Ocurre todos los días en la Sierra Tarahumara, en el sur agrícola y en las grandes ciudades de Chihuahua: jóvenes capacitados, con títulos universitarios, talento de sobra y ganas de comerse al mundo, obligados a empacar una maleta y marcharse porque su propia tierra les cerró las puertas.
Por años, nos dijeron que si estudiábamos y nos esforzábamos, el éxito estaría asegurado. Pero la realidad golpea con fuerza: Chihuahua se ha convertido en un exportador de talento e importador de frustración. Mientras los gobiernos tradicionales gastan millones de pesos en promocionar una bonanza económica que solo existe en sus boletines de prensa, las y los jóvenes enfrentan salarios de miseria, empleos informales o la amarga decisión del éxodo.
“Perder a una generación de profesionistas, creadores y trabajadores no es solo una cifra estadística; es un desgarrador vacío social.”
¿De qué sirve enorgulleceremos del potencial de nuestro estado si no somos capaces de garantizarle un futuro a quienes deben construirlo? El verdadero cambio no se mide en discursos grandilocuentes, sino en la capacidad real de un gobierno para abrazar a sus juventudes. Y cuando se observa dónde están los esfuerzos reales de la Cuarta Transformación en Chihuahua, los contrastes son evidentes. En la frontera, Ciudad Juárez se ha consolidado como un faro de oportunidad y contención para las nuevas generaciones.
No es casualidad que, bajo la administración de Cruz Pérez Cuéllar, la gestión municipal haya asumido un compromiso histórico con la educación y el desarrollo joven: desde la entrega directa de becas de acceso a la universidad para que ningún estudiante abandone los aulas por falta de recursos, hasta la intervención en cientos de escuelas y la creación de espacios de innovación y emprendimiento. Cuando un gobierno invierte el presupuesto en las escuelas de la gente y no en los privilegios del poder, le está diciendo a su juventud: «aquí te necesitamos, aquí te quedas».
Chihuahua no puede seguir siendo un estado que expulsa a sus hijos. Necesitamos que esa visión social, esa prioridad por la educación pública y ese compromiso con las juventudes que ya se demuestra en Juárez, se convierta en la política de todo el Estado Grande.
Las y los jóvenes no queremos irnos de Chihuahua; queremos transformarlo. Es momento de construir un estado donde nadie tenga que empacar su maleta para encontrar la dignidad.
¡POR EL DERECHO A QUEDARNOS Y A FLORECER EN NUESTRA TIERRA!
Luis Eduardo Parga es coordinador estatal de UniJuv, una red de jóvenes universitarios en Chihuahua que buscan incidir en el cambio político de su estado.
