
Por: Josselyn Enriquez
Chihuahua, Chih.- Entre el andar de los visitantes, el aleteo de los patos y la tranquilidad que todavía se respira en algunos rincones, la presa El Rejón conserva una de las postales naturales más representativas de Chihuahua. Sin embargo, al mirar hacia los cerros que la rodean, el paisaje comienza a contar otra historia: la de una ciudad que crece y se extiende cada vez más cerca del agua.

De acuerdo con el reporte de la situación actual de las principales presas de Chihuahua, por parte de la Comisión Nacional de Agua (CONAGUA), con fecha del 9 de octubre de 2026, El Rejón cuenta con 2.264 millones de metros cúbicos de agua, lo que representa el 34.68% de su capacidad total, de 6.528 millones de metros cúbicos.
El comportamiento de los niveles de una presa depende de distintos factores, entre ellos las precipitaciones, la cantidad de agua que recibe de sus escurrimientos naturales, la evaporación y el volumen que se extrae o utiliza. Por ello, aunque las lluvias de este año han sido escasas en comparación con otros ciclos, determinar si El Rejón está perdiendo agua requiere revisar los registros de almacenamiento y compararlos con periodos anteriores.

A este panorama se suma la transformación de sus alrededores. Lo que hace algunos años todavía permitía contemplar cerros con amplias superficies despejadas, hoy convive con fraccionamientos, instituciones educativas y nuevas vialidades que modifican el paisaje de la zona poniente de la ciudad.
El crecimiento urbano también abre una interrogante sobre el futuro de la presa. Cuando el suelo natural es sustituido por calles, estacionamientos y construcciones, cambia la manera en que el agua de lluvia se infiltra y escurre. Dependiendo de las características de cada obra y de las medidas de manejo pluvial, estas modificaciones pueden alterar la cantidad y la velocidad del agua que llega a los cauces y cuerpos de almacenamiento.

Así, la preocupación no se limita a cuánta agua queda actualmente en la presa, sino también a las condiciones que permitirán que siga recibiendo agua en los próximos años.
Mientras tanto, la vida cotidiana continúa en sus alrededores. Los patos mantienen cierta cercanía con los visitantes que suelen alimentarlos, las personas recorren los andadores y las familias encuentran espacios para convivir al aire libre. El cielo despejado y la silueta de la Sierra Azul completan una escena que recuerda el entorno semidesértico al que pertenece Chihuahua.

Pero entre esa calma aparecen también sonidos de maquinaria y trabajos de construcción en los cerros, señales de una expansión urbana que avanza sobre un paisaje que durante años ha formado parte de la identidad natural de la ciudad.

El Rejón sigue siendo un espacio de recreación y contacto con la naturaleza, aunque su entorno ya no es el mismo. La presencia de nuevas edificaciones no demuestra por sí sola que el nivel de agua esté disminuyendo, pero sí plantea preguntas sobre la conservación de las áreas naturales que contribuyen al funcionamiento de la presa.
